lunes, 29 de mayo de 2017

Sobreprotección en la infancia

Leyendo el libro de Wyoming (!De Rodillas, Monzón!), uno se da cuenta de lo rápido que cambia la sociedad. Comenta que en su infancia, en el barrio de La Prosperidad (Madrid), los niños vivían en un inmenso espacio de libertad, un mundo propio, fuera del control de los adultos. Por entonces, los hijos en casa molestaban y desaparecían: bajaban todos a jugar a la calle, sin demasiadas restricciones, mientras que ahora están en permanente estado de vigilancia.

Las consecuencias de que la infancia actual tenga menos libertad que sus progenitores tiene, claramente, consecuencias negativas. Los niños actuales no interactúan tanto entre ellos, no investigan su entorno, juegan menos, se ensucian menos (algo fundamental para ir desarrollando su sistema inmunitario), lo que les hace más torpes, menos saludables y con mas problemas para adaptarse a los cambios. 

Psicólogos y sociólogos coinciden en indicar que la sobreprotección de los padres está detrás de estos cambios, que responden a su vez a la evolución de distintos factores, como el cambio de los modelos familiares, el entorno o la sociedad de la información en la que vivimos. Así lo afirma la socióloga Almudena Moreno: por un lado, el modelo familiar ya no es el que era: se tienen menos hijos, que no tienen tantos hermanos con quienes competir, por lo que suponen un bien a proteger. La edad de los padres también ha cambiado: antes se tenían hijos a una edad mas temprana. Por otro lado, en las últimas cinco décadas ha habido un éxodo del medio rural al urbano y los vecinos de la urbe dejan de tener ese papel de control que tenían en los pueblos. Esa pérdida de control produce más sobreprotección. Y en último lugar,  el exceso de información sobre sucesos, desastres y enfermedades que nos muestran los medios de comunicación añaden más estrés y miedo en los padres, que vuelcan sobre sus hijos.

Los errores más comunes de los progenitores pasan por:
  • Evitar que su hijo pase por cualquier situación desagradable, resolviendo por él sus problemas
  • Limitar que explore por sí mismo el mundo
  • Responder a sus demandas inmediatamente sin poner límites
  • Limitar sus demandas de autonomía
  • Hacer las tareas de su hijo aunque éste esté capacitado para hacerlas
  • Responder por el hijo cuando se dirigen a él otras personas
  • Tapar, ignorar o justificar los errores de sus hijos
  • No permitir que salgan con otros compañeros de su edad
  • Utilizar el miedo para controlarle
  • Sentirse culpables si no ayudan a sus hijos en sus problemas
No hay duda de que la intención de los padres es buena, pero las consecuencias de la sobreprotección son nefastas para el futuro de sus hijos, ya que el hecho de vivir en una burbuja genera en el futuro múltiples problemas que estarán presentes el resto de sus vidas:

  • Timidez
  • Dependencia
  • Falta de habilidades sociales
  • Falta de confianza
  • No responsabilizarse de sus actos
  • Miedos y fobias
  • Frustración
  • Mal desarrollo de capacidades y habilidades
  • Falta de empatía
  • Falta de iniciativa
  • Sentimientos de inutilidad
  • Egocentrismo y tiranía con su entorno
  • Dificultad para tomar decisiones
  • Pesimismo
  • Depresión
  • Trastornos afectivos
Los hijos deben equivocarse, frustrarse, aburrirse, desarrollar su autonomía a través de retos y objetivos, aprender que las cosas requieren un esfuerzo para lograrlas. Así desarrollarán sus propias capacidades personales y alcanzarán mayor grado de madurez. La práctica es difícil, pero es lo mejor que un padre o madre puede hacer por y para sus hijos: dejarles crecer.




lunes, 22 de mayo de 2017

Pedro Sánchez: Áve Fénix

Ocho meses atrás, el recorrido de Pedro Sánchez dentro de la política parecía haber llegado a su fin, tras recibir una certera puñalada por la espalda en el Comité Federal que celebrado en octubre del año pasado. Los barones del PSOE junto a la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, consiguieron derrocarle tras 13 horas de vergonzoso Comité Federal: gritos, insultos, lloros, improperios y caos, emitidos casi en directo por la televisión. 

A partir de ahí, se crea una Gestora para dirigir el partido "indefinidamente". Pedro Sánchez se va al paro y Susana Díaz gana tiempo para presentar su candidatura a Secretaria General, con el visto bueno de la plana mayor del PSOE: Felipe González, Jose Luis Rodríguez Zapatero, Alfonso Guerra, Alfredo Pérez Rubalcaba y los presidentes autonómicos de Asturias, Aragón, Valencia, Extremadura y Castilla La Mancha. Ahí es nada. La Gestora se alargará por el tiempo suficiente para hacer olvidar el asesinato político de Pedro y asegurar el triunfo de Susana en las primarias.

¿Recuerdan aquel discurso de Navidad del año 1969 en el que Franco afirmaba, en referencia a su sucesión, que todo estaba atado y bien atado? Algo parecido debieron pensar en el PSOE con respecto a la victoria de Susana. Pero igual que entonces, las cosas no salieron como se planearon. Pedro Sánchez regresó como candidato para recuperar lo que era suyo por derecho, puesto que fueron los militantes los que le habían elegido como Secretario General, presentó sus avales y ganó las primarias por mayoría absoluta: más del 50% de los votos fueron para él, a pesar de haber dos candidaturas más (la de Susana y la de Patxi López). Incontestable. 

Y he aquí que, cual Ave Fénix, Sánchez resurge de sus cenizas y vuelve a ponerse al frente de un partido socialista que, no nos olvidemos, continúa partido por la mitad. La clave de su victoria parece estar en su defensa del no es no; de su coherencia al preferir renunciar a su acta de Diputado antes que romper su promesa en campaña electoral y abstenerse para darle el Gobierno a un Partido Popular podrido por la corrupción, a la vez que de esta forma evitaba desobedecer la decisión tomada por el Comité Federal, de abstenerse.

Los retos a los que tendrá que hacer frente a partir de ahora son si cabe más complicados: en primer lugar, reunificar al PSOE. En segundo lugar, saber aprovechar la corrupción del Partido Popular para ganar terreno, algo que hasta ahora el partido socialista no ha sabido hacer (no en vano ha perdido dos elecciones generales frente al PP). Y fundamentalmente, si aspira a gobernar el país algún día, el PSOE tiene que entenderse con Podemos sí o sí, de la misma manera que Ciudadanos se entiende con el Partido Popular, y eso, hoy por hoy, es bastante improbable. 


domingo, 14 de mayo de 2017

Portugal, 12 points

Noche del sábado 13 de mayo de 2017. La 1 de Televisión Española emite la 62ª entrega del Festival de la Canción de Eurovisión, concurso musical en el que cada año participan los países miembros de la Unión Europea de Radiodifusión. Se emite desde 1956, siendo el programa más antiguo que se transmite a todo el mundo y el evento musical más visto (se estima que lo ven entre 100 y 600 millones de personas cada año a lo largo y ancho de nuestro planeta). 

Hacía semanas que todas las previsiones daban por ganadora a la canción de Italia. La canción de Francesco Gabbani era la gran favorita: ya era un éxito antes de celebrarse el festival, venía de ganar el Festival de San Remo, era número 1 en su país y había superado los cien millones de reproducciones en Youtube. Todas las casas de apuestas le daban el triunfo.

Pero de repente, se produce algo inesperado: la canción de Portugal se convierte en favorita casi de la noche a la mañana. Un país que nunca había ganado en Eurovisión, a pesar de haberse presentado 49 veces, siendo su mejor posición un sexto lugar en 1996. Un país sin más vecino que España, cuando para ganar el festival se supone que es imposible hacerlo si no tienes países limítrofes que te regalen votos. Un país que el año pasado ni siquiera se había presentado, y que en los años anteriores se había quedado en semifinales. Un país que envía una canción en portugués y no en inglés. Un país que no hace apenas promoción de su canción por los eventos europeos previos al festival, ya que su intérprete padece de problemas de salud y no puede acudir a ellos. De hecho, se perdió incluso los primeros ensayos del festival, siendo sustituido por su hermana (compositora del tema). Un país cuya puesta en escena carece de bailarines, coreografía, coros, caras bonitas, escotes, músculos ni fuegos artificiales.

¿Cómo se convierte una apuesta así en favorita? ¿Cómo puede ser posible llegar a los primeros puestos de la tabla con una propuesta tan alejada de lo que se espera ver en Eurovisión?


El triunfo de Portugal, con 758 puntos, pone de manifiesto que no se necesitan favores de países vecinos para gustar en Europa, que se puede transmitir cantando en tu propio idioma, que los fuegos artificiales pueden no aportar, sino estorbar; que queda mucho buen gusto en nuestro continente y que los 3 minutos que dura cada canción se pueden hacer cortos cuando la música te llega hasta el alma. Lo que ocurrió anoche fue una cachetada a la moda, a los intereses comerciales, a España, a Televisión Española y a la globalización cultural. Lo que se vio anoche en Eurovisión fue humildad, generosidad, sentimiento, sencillez, armonía, música... En definitiva: magia.