lunes, 24 de octubre de 2016

Adiós Gran Hermano, adiós

Corría el año 2000 cuando Telecinco decide apostar fuerte por el primer programa de tele-realidad que se iba a emitir en España: Gran Hermano. El formato consistía en grabar la vida de varias personas encerradas en una casa durante 90 días, sin interrupción.

Antes de llegarse a emitir, el programa ya estuvo cargado de polémica, surgiendo en la sociedad española un debate ético sobre si la emisión ininterrumpida de la vida de la gente podría suponer un atentado contra la dignidad personal. La cadena salió en su defensa afirmando que se trataba de un experimento sociológico inédito cuyo objeto de estudio era la observación y las interrelaciones y conductas humanas en un grupo cerrado. Es decir, desde Telecinco le daban el rango de investigación científica al programa para justificar su emisión y calmar a esa parte de la sociedad que se sentía escandalizada por pensar lo que podrían ver al encender su televisor. 

Han pasado 16 años desde aquel primer Gran Hermano que revolucionó la historia de la televisión en España y parece que la sociedad ya no necesita explicaciones sociológicas ni se escandaliza al sintonizar cualquiera de los múltiples realities que ofrece la televisión actualmente, ni de muchos otros que han pasado por nuestras pupilas en todo este tiempo, con mayor o menor éxito. No en vano, es nuestro país el que ostenta el récord de mayor número de ediciones de Gran Hermano: se está emitiendo la número 17, a lo que hay que añadir los 4 Gran Hermanos VIP precedentes.

Sin embargo, comienza a verse un cambio de tendencia. Gran Hermano 17 ha perdido fuelle con respecto a sus predecesores y ya no es el programa más visto en su franja de emisión. De hecho, este año la cuota de pantalla de sus últimas galas ronda el 19%, cuando en el año anterior superaban el 22%, por no hablar de los resúmenes y debates, donde han llegado a caer por debajo del 14%. Es más que probable que en Telecinco tengan la explicación a estos datos a la baja, que no debe andar muy lejos de estas hipótesis:

  • Gran Hermano nació de la mano de su presentadora, Mercedes Milá, defensora acérrima del formato. Sin duda, su ausencia este año hace que al espectador le falte algo. Se la echa de menos, sobre todo cuando su sucesor, Jorge Javier Vázquez, se dedica a presentar el programa como si fuera un programa de corazón. El hecho de que esté presente en múltiples proyectos de la cadena (Sálvame Diario, Sálvame Deluxe, Hay Una Cosa Que Te Quiero Decir, Supervivientes, Got Talent España...) hace que el público se canse de verle. Tenemos a Jorge Javier hasta en la sopa. Uno se agota sólo de verle.
  • Los concursantes se saben al dedillo la dinámica del programa, ya no resultan frescos y se parecen a los de cualquier otra edición anterior. Que se intenten favorecer las discusiones entre ellos comienza a ser un recurso aburrido.
  • Al programa no se le ha dejado descansar. En varias ocasiones se ha unido el final de Gran Hermano con el comienzo de la version VIP. El espectador también necesita descansar, no se le puede ofrecer el mismo programa durante prácticamente todo el año porque se corre el riesgo de quemarlo y que lo rechace de forma definitiva.
El tiempo siempre es el que da y quita razones. Será él quien determine si estamos o no ante el fin de una era.