martes, 24 de junio de 2014

La leyenda de María Liberata

La villa de San Andrés es uno de los pueblos más antiguos de la isla de La Palma (Canarias). Fundada a principios del s. XVI, su trama urbana se sitúa en torno a una de las primeras iglesias construidas en la isla (el documento más antiguo la ubica en 1515). San Andrés se convirtió en el centro administrativo del norte de La Palma, y fue residencia de notables familias: Abreu Rege, Santa Cruz, Guisla, Valcárcel y Pinto.
Esta población llegó a ser la segunda en importancia tras la capital,  al obtener el título de villa y al ser la única junto a Santa Cruz de La Palma, que tuvo escribanos públicos.



Todos los habitantes de San Andrés han escuchado alguna vez la leyenda de María Liberata de Guisla y Salazar de Frías. Ella fue una mujer de cuna ilustre y rica. Su hermano Juan Domingo destacó en la guerra de Italia, concediéndole la corona el título de marqués de Guisla y Ghiselín. Su otro hermano Carlos José fue el segundo marqués, heredando los mayorazgos de la familia. María Liberata se casó en 1776 con Domingo Van de Walle de Cervellón. Todos ellos fueron regidores perpetuos de la isla, y su marido además fue Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición, y fundador de la Sociedad Amigos del País de Santa Cruz de La Palma.
Tras la muerte de éste en 1776 y de los hermanos de María en 1785 y 1787, ésta vivió sus últimos años en su casa de San Andrés, sola y sin hijos. Cuentan que no salía de su casa para nada e incluso gozaba misa desde una ventana que daba al interior de la capilla particular de la Virgen del Pilar, adosada a la vivienda.

Tras su muerte, María Liberata fue enterrada en la cripta de la capilla de la Victoria de la iglesia de San Andrés, con hábito en un ataúd acolchado, sin tapa y parcialmente cubierta de cal viva en un espacio de unos 10,60 metros cuadrados, de planta rectangular, con bóveda de ladrillos de barro, poyos laterales y presidido por una cruz. Cuenta la leyenda que días después, un sacristán que rezaba en la iglesia escuchó voces y golpes que pedían auxilio. Huyó del lugar sin decir nada a nadie porque no quería que pensaran que estaba loco.

Años después, en 1814, muere el presbítero Ambrosio Arturo de Paz, y la cripta donde estaba enterrada María Liberata fue abierta para enterrarle allí. Al abrirla encontraron un cadáver fuera de su tumba, en la escalera con un ladrillo en la mano. Fue entonces cuando el sacristán confesó haber escuchado gritos de auxilio y golpes pero por miedo a no ser creído no había comentado nada. Esta cripta no volvió a abrirse hasta 1986, año en el que un equipo de arqueólogos hizo una excavación para estudiar los restos humanos hallados, encontrando los cuerpos de dos curas en dos bancos y un tercer cuerpo desmembrado en el suelo. El cuerpo de María Liberata aparecía en posición secundaria no en el sitio que le correspondía por su cuna y posición. La leyenda parecía ser cierta: María Liberata fue enterrada viva, según se dice, debido a que padecía ataques de catalepsia.

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