sábado, 29 de junio de 2013

La subvención del plátano

Una subvención es una cantidad de dinero que la Administración Pública entrega a un particular sin obligación de devolverlo después, para que éste realice una actividad que se considera de interés público. El beneficiario de ese dinero está por tanto obligado a realizar la actividad beneficiada. En Canarias recibimos una subvención europea desde hace muchos años para la producción de plátanos y protegerlos en el mercado de la banana americana, mucho mas barata por su menor coste de producción. 

Santiago Rodríguez, presidente de la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias (ASPROCAN), declaraba hace un año al periódico ABC que sin el sistema de ayudas de la UE el plátano canario no podría subsistir. La subvención europea supone el 50% de la renta que recibe el agricultor y el peso del plátano en la economía canaria es de un 30% dentro del sector primario. De este cultivo viven unas 10.000 familias de forma directa y 25.000 más de forma indirecta y en La Palma concretamente, supone el 80% de los ingresos.

La producción platanera se exporta en un 90%, y para darle salida se han hecho campañas en las que se difunden los beneficios del plátano canario frente a la banana americana en cuanto a aroma y sabor, mayor contenido en potasio al permanecer más tiempo en la mata, etc., así como la apertura a nuevos mercados como el alemán o el belga. También se estudia sacar al mercado nuevos productos como papillas, galletas o mermeladas de plátano que podrían abrir el abanico de posibilidades, aunque llevan muchos años prometiendo esto y de momento, nada.

Sin embargo, cada verano encontramos en los periódicos la misma noticia: la "pica" de plátanos, eufemismo con el que se pretende evitar nombrar a las cosas por su nombre. La pica consiste en tirar millones de kilos de plátanos al vertedero con el fin de evitar un desplome de los precios que no haga rentable la exportación y venta del producto. ¿Por qué pasa esto? Porque el mercado se satura. Difícil entender que se tire a la basura el producto del que depende en gran medida el archipiélago. Difícil comprender la autodestrucción del sector y entender que una actividad que se autodestruye sea subvencionada. ¿Es moralmente aceptable que se subvencione un producto para que termine en la basura?

Parece inaceptable que para defender todo este sistema se hagan afirmaciones del tipo: "si no se vende, ¿qué hacemos?" o ""pica se ha hecho desde los años 80, es una práctica de toda la vida". Claro, lo más cómodo es cobrar la subvención del 50% que llega de Europa y tirar la fruta... y el mes que viene será mejor. ¿Y si mañana deja de haber subvenciones al plátano canario? ¿No es mejor prevenir?

Las subvenciones perpetuas a cambio de nada producen este tipo de posicionamientos y actitudes: conformismo y estancamiento, actitudes con las cuales es imposible progresar. Progresa el que es inquieto, el que se mueve, invierte, emprende, se arriesga y no se conforma, el que tiene visión de futuro y se adelanta a los acontecimientos. Cuando algo no sirve o no funciona, cuando una empresa da pérdidas, una de dos: o se reestructura, reorganiza, se adapta al mercado y a la demanda haciendo cambios para arreglar lo que no funciona, o mejor dedicarse a otra cosa. Lo que no puede ser es tirar el producto de tu trabajo al contenedor de basura y luego poner la mano para que Europa te ponga dinero en ella. Es inaceptable y vergonzoso.


1 comentario:

Jose Leal dijo...

Estoy de acuerdo! amén de los numerosos dilemas morales que plantea que se realice esta práctica, en concreto tan cerca de un continente donde en muchos de sus países muere un niño cada 6 segundos.
Eso por no mencionar el círculo vicioso de corrupción que genera. Ésta, como otras prácticas ya conocidas e igualmente reprochables y corruptas, han puesto la economía en el punto en que está ahora.
Estoy de acuerdo, es vergonzoso!